sábado, 15 de septiembre de 2012

LA ALFOMBRA Y EL ROSARIO




A´udhu billahi min ash-shaytanir-raÿim. Bismillahi-Rahmani-Rahim. As Saddhu an La ilaha ill Allah. As Saddhu ana Muhammadan Rasulullah. As Saddhu ana Isa Ruhllah wa ana la chaie. As-salamu ´alaykum.

Cuando el hombre reconoce la soberanía del Señor, todo cambia. Por el Espíritu se hacen nuevas todas las cosas. El mundo antiguo se revela con la Luz de los Nombres del Creador y todo refulge. El castigo de la tumba, si somos fieles al Camino Recto, no tendremos que gustarlo.

Según la tradición islámica, el alma del difunto espera en el sepulcro la hora del Juicio Final. Éste, nuestro destino común, sin embargo, será bien diferente entre los que han obrado correctamente y los que se extraviaron y fueron rebeldes.

Durante toda la vida nos hemos puesto en el altar de Dios adorándonos a nosotros mismos, protegiendo nuestro ego, agasajándolo con los mejores placeres. No obstante, el cuerpo será llevado al cementerio y los gusanos gustarán el sabor de nuestra carne ¿Tantos esfuerzos para finalmente ser comida de gusanos?

“En la soledad de la tumba, solo quedará la intimidad del siervo y su Señor. Cuando envuelvan tu cuerpo en la mortaja y lo bajen al agujero. Cuando tus familiares se marchen uno a uno y sientas caer la tierra sobre el lienzo. Cuando tu nombre solo sea un recuerdo y ya no haya más tiempo. Entonces sentirás el frío de la muerte corromper tus miembros y el terror del vacío te ahogará como una soga al cuello. Tus posesiones no te servirán, nadie oirá tus lamentos. Pedirás ayuda y solo habrá silencio. Cuando venga el ángel negro a los pies de tu cama y conduzca tu alma al su Decreto. Cuando los gritos ya no valgan y de nada sirva el arrepentimiento. Cuando cese la respiración y se aquiete el aliento te preguntarás por qué, en la vida, perdiste tanto el tiempo” Diwan de los Pobres

Cuando nos encaminamos hacia la mezquita con la intención de repetir el Testimonio de Fe, los ángeles nos acompañan cantando y toda la creación se detiene porque quien estaba perdido, ha vuelto al hogar, y su Padre, que le echaba tanto de menos, no puede contener su júbilo y envía a Sus emisarios para evitar cualquier obstáculo en el regreso de Su hijo. Entonces, estrechando la mano del imán, le miras a los ojos, se hace el silencio y toda la tierra se dispone a escuchar cómo de tus labios surge la llave de la vida que vivificará el espíritu para acabar después postrándote ante tu Señor por primera vez en oración. ¡Dios es el más Grande! El milagro se ha consumado.

Entonces, los hermanos que te acompañan, en algunos casos, te ofrecen un regalo de bienvenida que consiste en una pequeña alfombra y un rosario de cuentas. Lo que no puedes imaginar es que ese pequeño trozo de tela es tu parcela en el Paraíso.

Al igual que en el cuento de Aladino, el día de tu regreso a la no existencia, el alma volará sobre esa alfombra hasta ocupar un lugar en el Reino de los Cielos, donde permanecerás sentado esperando la oración frente al Trono de Dios junto a los demás fieles que se reparten en hileras frente y detrás de ti.

Así, sus límites serán tan grandes como haya sido tu fe. Podrán extenderse desde los límites de sus bordes hasta un jardín cuyo final no alcance la vista. Sobre ella encontrarás ríos de leche y miel, árboles frutales, los manjares más deliciosos, el vino secreto que nuestro credo no prohíbe… y las huríes que, en contra de lo que dicen algunos, no son ninfas, sino los estados del alma más cercana al Creador.
La realización de los Nombres y Atributos más Bellos de Dios que se consuman en nosotros, los cuales, aunque sean utilizados, nunca menguan, como una botella que no se vacía o un perfume que nunca se agota.
Por esa razón, prefiero las alfombras de oración de color verde, al igual que las de la mezquita del Profeta s.a.s. en Medina, porque cuando realizo el salat, imagino que estoy en mi parcela del Paraíso y que, frente a mí, está el Trono de mi Señor.

“Entre mi casa y mi lugar de oración (Mihrab o Mimbar) se encuentra un Jardín de los Jardines del Paraíso” Hadiz

Por otra parte está el rosario o tashbir, con el que, mediante el recuerdo constante de los Nombres y Atributos de Dios, además de la repetición sostenida de Sus Alabanzas, iremos purificando el corazón para que en nuestro continuo mental se inculque el dulce néctar del sabor del Amor Divino. Así, siendo constantes con esta práctica, hasta en sueños nos sorprenderemos adorando a nuestro Señor no solo con los labios, también con la mente inconsciente, lo que será fundamental para soportar y contrarrestar los embistes del enemigo y nos allanará el camino hacia nuestro lugar en el paraíso.

     “Cada criatura se forma una imagen distinta de Mí. En lo que opina de Mí es donde Me encuentro. Purificad vuestros pensamientos, criaturas Mías, pues son Mi morada y Mi residencia” Hadiz Qudsi

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